Morrissey en tratamiento contra el Cáncer: ‘Ya descansaré cuando esté muerto’

Steven Patrick Morrissey (1959) es de esas personas que dividen al mundo en dos: quienes le adoran como uno de los compositores pop vivos más brillantes del siglo XX -el legado de The Smiths sigue inmarcesible 30 años después- y quienes le desprecian por no haber conseguido nunca alcanzar el nivel en su carrera en solitario y, en vez de cultivar su obra musical, dedicar más esfuerzos a la invectiva oral, la defensa de los derechos de los animales y a la adoración narcisista de su propia figura, lo que le ha valido ser tachado de bocachancla en más de una ocasión.

Pero Morrissey vuelve a estar en activo y en diversos frentes: ya publicada su Autobiography (Penguin Classics, 2013) en Inglaterra, prepara su primera novela, tiene desde primavera un nuevo disco -el décimo en solitario, World peace is none of your business- y arranca la próxima semana su nueva gira Europea con comienzo en Lisboa (6 de octubre) y paradas en Madrid (9 de octubre, Barclaycard Center) y Barcelona (10 de octubre, Sant Jordi Club). Antes de iniciar los ensayos, Morrissey aceptó responder unas preguntas y, como ocurre siempre que abre la boca, cada declaración es una bomba atómica.

Fichó por el sello Harvest para publicar este álbum, y a las pocas semanas de editarlo le han expulsado. ¿Qué ha ocurrido?

Lo de siempre, que ningún sello en el que esté es capaz de acercar mi música al público. No hubo ninguna clase de promoción, siempre me mantienen escondido, y aún así hemos vendido bastante bien. Me quejé por el trato y el dueño, Steve Barnett, decidió despedirme. No le gusta que los artistas opinen. Fue una estupidez, pero su ego parece ser que es más importante que el buen funcionamiento de su empresa.

Siempre se ha definido como un hombre autosuficiente. ¿No necesita ningún contacto social?

No tengo vida social, no la necesito. Vivo tranquilo en soledad. La diversión es una construcción artificial, y si no tienes una vida sexual (y yo no la tengo en absoluto) es imposible tratar con la gente, porque la gente sólo habla de sexo. Si no tienes una pareja, la gente te mira de manera sospechosa.

Después de escribir su autobiografía, está preparando ahora su primera novela. ¿Cuándo estará terminada y qué puede adelantarnos de ella?

Va avanzando a buen ritmo, pero sería petulante por mi parte hablar de algo que no está finalizado aún. Probablemente se edite el año próximo y con suerte podré dejar de cantar para siempre, ¡lo cual haría feliz a mucha gente!

Las letras de sus canciones tienen un alto tono poético, pero quizá, por lo que cuenta, la prosa sea algo que le siente mejor. Le permitiría dedicarse a vivir de ella por completo y ser un recluso, que es a lo que aspira.

Comprendo bien por qué muchos escritores se encierran para siempre. Con sus palabras pueden recrear las acciones que no pueden desarrollar en la vida real, y no porque sean disfuncionales, sino porque la raza humana no es en absoluto empática. Hacer amigos de verdad puede llevarte la vida entera, y a la vez, cuanto más conoces a una persona, más te decepciona. Dicen que somos una especie civilizada, pero insisto, pon la televisión y verás lo que somos: un montón de locos en un manicomio global.

En una de las canciones del nuevo disco, The bullfighter dies, condena las corridas de toros. ¿Aprovechará los conciertos en España, especialmente en Madrid, ya que en Barcelona están abolidas, para insistir más en la cuestión?

La canción en sí ya lo dice todo. Las corridas de toros son completamente injustas, porque no hay una verdadera lucha [en inglés se dice bullfight; ‘peleas con toros’]. El animal sólo recibe castigo y burla, no se le da ninguna opción de pelear. Es como esa gente que dicen que son cazadores, como vuestro Rey Juan Carlos, pero lo único que hacen es disparar tranquilamente desde lejos. Es una cobardía y una barbaridad. Eso lo podría hacer hasta un niño de cuatro años. La gente que es cruel con los animales suele serlo también con las personas. El Rey Juan Carlos tendría que haber ido a la cárcel por matar elefantes, que es una especie protegida. Es lo que dice la ley. ¿Por qué él no?

En su defensa por los derechos de los animales, ¿hay alguna escala de grises? ¿Aceptaría, por ejemplo, las carreras de caballos, o también le parecen crueles?

Los animales no son algo que debamos utilizar para divertirnos. Las carreras de caballos también son crueles: si un caballo no rinde bien en la carrera, al día siguiente le disparan y lo matan. ¿Por qué no al jinete? Tiene tanta culpa del fracaso como el caballo. Ser humano significa responder automáticamente ante el sufrimiento. Pero hay gente que no responde. La reina Isabel II es aficionada a las carreras. La princesa Ana come carne de caballo y defiende el exterminio de los tejones. Los príncipes Guillermo y Enrique disparan a todo lo que se mueve. La Familia Real británica está obsesionada con las armas y la muerte.

¿Por qué de entre todos los animales prefiere a los gatos?

Son independientes, constantes e inteligentes. A diferencia del perro, no necesita que le estés prestando atención todo el rato. La mayoría de los animales sólo piden amor y nada más. Cuando las vacas son llevadas al matadero suplican por sus vidas chupando las manos de los hombres que van a sacrificarlas. Esto nunca lo verás en un anuncio de McDonalds.

Usted se manifestó a favor del Sí’ en el referéndum de Escocia. ¿Le decepcionó la victoria del No?

Sí, porque me gusta que la gente se levante contra los regímenes. La BBC hizo todo lo posible por decantar el voto hacia el ‘No’ y nunca informó sobre los posibles beneficios de una Escocia independiente. En la BBC se critica mucho a Rusia y Siria porque allí no hay democracia, y no se dan cuenta de que ellos promueven lo mismo. Mostraron su horror cuando Putin mandó a prisión a las Pussy Riot por hacer música contra el Gobierno a la vez que impedían que mi canción Ding-dong the witch is dead, que celebraba la muerte de Margaret Thatcher, sonara en la radio. Hablan en nombre de la democracia sólo cuando les conviene, pero cuando les molesta la desprecian. La palabra ‘extremista’ la utilizan sólo para desacreditar a la gente no les gusta.

¿Está al corriente de lo que está sucediendo en Cataluña? Mucha gente también está pidiendo votar como en Escocia.

Sé que han prohibido las corridas de toros, así que tienen todas mis simpatías. Pero de este tema no se habla en Inglaterra y no sé mucho más. Tampoco se habla en EEUU, porque para los americanos el resto del mundo no existe en absoluto.

Sus fans están preocupados por su estado de salud, en los últimos meses ha estado hospitalizado y ha tenido que cancelar varios conciertos. ¿Cómo se encuentra?

Me han raspado tejidos cancerosos en cuatro ocasiones ya, pero qué más da. Si me muero, pues me muero. Y si no, pues no. Ahora mismo me siento bien. Soy consciente de que en las últimas fotos que me han hecho salgo desmejorado, pero es lo que tienen las enfermedades. No me voy a preocupar por eso, ya descansaré cuando esté muerto.

Sigue fiel a un tipo de pop muy tradicional y es impermeable a la tecnología. ¿Le preocupa convertirse en una antigualla?

Estoy en una edad en la que ya no debería hacer música. Muchos compositores de música clásica se morían a los 34 años. Y aquí sigo, sin que nadie sepa qué hacer conmigo. El público que tengo es muy joven, lo que me lleva a pensar que las canciones de los Smiths, igual que ocurre con las de los Ramones, son más significativas ahora que antes.

En los últimos 15 años ha tocado poquísimo en España: lo hizo en Benicàssim y en Málaga, hace ya mucho tiempo. ¿Por qué no ha venido más?

Me ofrecen mucho cantar en España, y siempre pido que me lleven a un teatro y no a un campo abierto. Pero me dicen que en España no hay teatros de ópera. Pero vamos a ver: ¿Y dónde canta Stefano Palatchi entonces? ¿En clubes de hip hop? ¿En bares de carretera?

En Benicàssim, en su concierto de 2006, tocó muchas canciones de los Smiths. ¿Podría ocurrir lo mismo en estos próximos conciertos?

Nunca he ignorado ese periodo de mi carrera, suelo tocar esas canciones. Pero no importa demasiado el repertorio que vaya a cantar, las noches siempre suelen ir bien.

¿Cuál es la primera persona que se le viene a la cabeza que le resulte especialmente odiosa e inútil para el resto del mundo?

No odio a la gente, soy un hombre amable y sensible, pero no puedo soportar a David y Victoria Beckham. La trágica importancia que le dan los medios británicos a esta pareja es lo que nos ha convertido en una nación de zombis. No son nada, pero sus egos están anormalmente supradesarrollados. Victoria nunca hace nada, pero siempre está ocupada, absorta en su auto-adoración, igual que ‘McDonna’ [por Madonna, probablemente]. Y su marido, bueno, es que no sabe ni hablar inglés y su negocio es repugnante. Tiene una línea de perfumes que han sido probados antes en animales, como si los animales acostumbraran a ponerse colonia. Recuerde: si compra su loción para después del afeitado está apoyando la tortura animal.

Fuente periódico El Mundo.

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